Villamercedino

Necesitamos una construcción político-institucional que imagine, programe, desarrolle y sostenga el lugar que a Villa Mercedes le corresponde.

Nací en 1968, en Justo Daract. Seis años después mi familia se mudó 30 kilómetros al oeste y nos instalamos en esta Villa Mercedes de la que me considero parte indisoluble. A mediados de la década del 70 esta ciudad era una comunidad de poco más de 54 mil almas que sostenían el slogan que propalaba con frecuencia la LV 15: "pago tranquilo de buenos amigos".

 

La ciudad capital tenía alrededor de 5.000 habitantes más (54.000 Villa Mercedes; 59.000 San Luis. Retenga este dato, amigo lector, porque volveré a hacer referencia a esta relación).

No conocí los botecitos del lago y nunca pude entrar a Cyrano. Pero sí caminé la Mitre de madrugada, volviendo de Match Point y saludando al resto de los "peregrinos". Porque en esos tiempos "nos conocíamos todos".

Villa Mercedes cambió sustancialmente en los últimos cuarenta años. Y no hay ninguna valoración en esta afirmación; es un dato de la incontrastable realidad. Si proyectamos los datos del censo realizado en 2010, podemos especular con que nos acercamos a los 130.000 mercedinos. Algunos nacidos y criados en estas calles y barrios; algunos otros llegados de otras ciudades, provincias y hasta de otras naciones.

Hoy constituimos un conglomerado heterogéneo pero consolidado. Es realista pensar que la inmensa mayoría tenemos planes para realizarnos en esta comunidad. Por nosotros mismos; a través de hijos y nietos; por obras y acciones que nos continúen.

La heterogeneidad que nos constituye queda superada por muchos y diversos factores que nos dan una identidad común. Además de compartir un espacio geográfico (la cuadra, el barrio, la ciudad) y un tiempo, nos encontramos construyendo un porvenir común.  En ese futuro nos encontramos todos. Los que nacimos aquí o cerca; los que vinimos de muy chicos y adquirimos nuestra personalidad en estas calles y plazas; los que llegamos en busca de trabajo, o de tranquilidad, o de salud, o todas esas cosas juntas y formamos familia y decidimos quedarnos en esta tierra que nos cobijó (yo me siento parte de todos esos grupos).

La ciudad creció vertiginosamente en las últimas décadas. Casi al ritmo que experimentó toda la Provincia. Pero creo que no alcanzó a desplegar todo el potencial de su gente. Algo sucedió para que el formidable desarrollo que se comprueba en la ciudad de San Luis y sus alrededores no haya impactado en nuestra Villa Mercedes con similar intensidad. Si bien considero que cada uno de nosotros tiene una cuota de responsabilidad en los que nos sucede de manera individual y colectiva, no hay duda que la mayor injerencia estuvo y está en las y los dirigentes que tomaron las decisiones,  renunciaron a tomarlas delegando esa potestad a personalidades instaladas  100 kilómetros de aquí; o más allá.

Es en este contexto que adquiere cuerpo una propuesta que impulsa un proyecto comunal. Ya se ha dicho muchas veces que las municipalidades son el Estado en contacto directo con los ciudadanos. De ahí que se convierta en realmente importante, que quienes administren las municipalidades estén canalizando los sueños, anhelos y necesidades de los vecinos en lugar de mostrarse solícitos a las directivas de sus jefes políticos. Un dirigente que fue tres veces presidente de la Nación aseguraba -en un texto que reúne veinte verdades- que "la verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo".  En la desatención y falta al cumplimiento de esa, la primera de las 20 verdades peronistas, está la esencia de las frustraciones mercedinas.

Con demasiada frecuencia se diluye la delgada línea que separa la lealtad y sentido de pertenencia a una organización (política, en este caso) y la delegación del derecho a tomar decisiones, la consecuente pérdida de autodeterminación y hasta la sumisión acrítica. Hemos escuchado muchas veces, hasta de los mismos escrutados, que un dirigente del oficialismo provincial solo necesita dos votos para gobernar.

La ubicación de los complejos habitacionales construidos en Villa Mercedes se decidió en despachos capitalinos; las cuadras que se pavimentarían y, en general, toda la obra pública también. En los programas sobre seguridad que se ejecutan en la ciudad, los mercedinos no tenemos ninguna posibilidad de realizar ningún aporte. Pasa lo mismo en el ámbito de la salud, la educación, la cultura, el deporte, el turismo... A la par que se acrecentó la diferencia en la densidad poblacional entre la ciudad de San Luis y Villa Mercedes, la relación entre pares que hubo alguna vez se transformó en otra en la que hay una parte que ejerce una especie de patria potestad sobre otra que le transfirió las decisiones sobre su presente y futuro.

¿Recuerda el dato del inicio? En 1970 Villa Mercedes tenía aproximadamente 54 mil habitantes y la ciudad de San Luis, 5 mil más: 59.000. Cuarenta años más tarde, nuestra Villa duplicó holgadamente su población mientras que la capital provincial casi la cuadruplicó: 120.000 frente a 200.000. Y lo que era una diferencia -siempre hablando de cantidad de habitantes-de menos del 10% se estiró hasta superar el 80 %. No voy a ahondar en tediosos datos demográficos ni económicos; sólo agregaré que la actividad económica y los aportes al Estado Provincial no siguieron esa relación y siguen siendo mayores en esta parte de San Luis que en las zonas cercanas al edificio denominado Terrazas.

Estos simples datos son prueba suficiente, considero, de la necesidad de sostener una construcción político-institucional que imagine, programe, desarrolle y sostenga el lugar que a Villa Mercedes le corresponde por historia, por iniciativa y volumen de generación de recursos y divisas. Es hora de asumir que Villa Mercedes alcanzó la mayoría de edad y con ella está en condiciones de reclamar su emancipación política.

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